The Roots y el juego a largo plazo: Cómo los mejores de Filadelfia se convirtieron en la última banda auténtica del hip-hop
Existe una versión de la historia de The Roots que se cuenta como un triunfo de la perseverancia: una banda callejera de Filadelfia que se abrió paso en las esquinas hasta que la industria finalmente les prestó atención. Esa versión no es incorrecta, pero está incompleta. La historia más completa implica un tipo específico de formación institucional, una ciudad con una cultura musical genuinamente peculiar, y dos figuras centrales cuyos instintos artísticos fueron, desde el principio, casi productivamente incompatibles. Lo que The Roots construyó durante tres décadas no es solo una discografía. Es un argumento sobre lo que el hip-hop puede ser cuando se niega a elegir entre lo cerebral y lo visceral.
Filadelfia y el sonido debajo del sonido
La contribución de Filadelfia a la música estadounidense está crónicamente infravalorada en los relatos dominantes. La ciudad le dio al mundo el soul de Filadelfia: el sonido exuberante y orquestado desarrollado en Sigma Sound Studios por los productores Kenny Gamble y Leon Huff, cuyo trabajo con artistas como Harold Melvin & the Blue Notes y The O'Jays esencialmente inventó la plantilla que más tarde la música disco aplanaría y comercializaría. Esa tradición de música popular negra sofisticada, melódicamente rica y rítmicamente insistente, estaba profundamente arraigada en la memoria cultural de la ciudad cuando llegó el hip-hop.
La escena del hip-hop en Filadelfia se desarrolló más tarde que la de Nueva York, pero con su propia textura. Los MC de la ciudad tendían hacia la densidad—versos con una carga lírica intensa, complejos esquemas de rima interna, una preferencia por el contenido sobre el brillo superficial. Esa tendencia tenía raíces estructurales. Filadelfia contaba con instituciones activas de jazz, una fuerte tradición de música eclesiástica y escuelas públicas que aún financiaban una educación musical seria hasta los años ochenta. El resultado fue una generación de músicos jóvenes que absorbieron el hip-hop como oyentes mientras recibían formación formal como estudiantes, y la tensión entre esos dos modos de participación produjo algo distintivo.
CAPA—la Escuela Secundaria de Artes Creativas y Escénicas—fue la institución específica que moldeó a Questlove y Black Thought. La escuela exigía formación musical formal junto con expresión creativa—escalas y teoría, improvisaciones y círculos de freestyle—una doble exigencia que se convirtió en la tensión definitoria de todo lo que The Roots crearía. Dos estudiantes que se conocieron allí y reconocieron en el otro la misma lealtad dividida, hacia el oficio y el sentimiento, hacia la estructura y la espontaneidad, no iban a hacer discos de rap convencionales.
La cuestión del instrumento
La decisión de interpretar hip-hop con instrumentos en vivo no fue, a principios de los noventa, obviamente una buena idea. El hip-hop había desarrollado una relación sofisticada con el sonido grabado: el sampleo no era una limitación sino una estética, una manera de construir nuevo significado a partir de material cultural existente. Reemplazar eso con una interpretación en vivo corría el riesgo de parecer regresivo, como una banda que insiste en tocar jazz en un momento en que todos habían acordado que la electrónica era más interesante.
The Roots lo lograron al entender que el objetivo no era la autenticidad en un sentido simple. La batería de Questlove no intentaba replicar una caja de ritmos; estaba haciendo algo que las baterías pueden hacer y las máquinas no: respirar, dudar y empujar. La banda en vivo creaba una conversación rítmica en lugar de una cuadrícula rítmica, y esa conversación le daba a los versos de Black Thought un espacio diferente para moverse. Las palabras no se asentaban sobre un ritmo; estaban dentro de una textura.
Esto importa porque cambió lo que las letras podían hacer. El lirismo de Black Thought siempre ha operado a través de la densidad y la compresión—significado apretado, referencias superpuestas, contradicciones sostenidas en lugar de resueltas. Como señaló un crítico: "El lirismo de Black Thought se define por la densidad y la compresión—significado apretado, referencias superpuestas, contradicciones sostenidas en lugar de resueltas. La comercialización del hip-hop recompensó la accesibilidad, y Black Thought nunca capituló completamente ante esa presión, lo que explica en parte por qué su reputación entre los oyentes serios supera su perfil mainstream, pero también por qué conserva el respeto de los oyentes más exigentes."
Esa reputación se construyó con el tiempo, a través de un trabajo constante que no siempre recibió la atención que merecía. "Su capacidad para organizar ideas complejas a lo largo de álbumes de larga duración sin perder impulso no es un truco de salón." Es el resultado de una artesanía deliberada, practicada durante décadas.
Questlove como arquitecto
El papel de Ahmir Thompson en The Roots no se reduce a la batería, aunque solo la batería sería suficiente para asegurar una reputación significativa. Funciona como el principal arquitecto estético de la banda—la persona que tiene en su cabeza el rango completo de lo que el grupo es capaz de hacer y decide, álbum por álbum, qué parte de ese rango explorar.
Su instinto curatorial es evidente en los discos. *Things Fall Apart* llegó en 1999 como una especie de intervención deliberada, un álbum de hip-hop hecho en el apogeo de la era de los trajes brillantes que era explícitamente elegíaco—lamentando algo de la cultura incluso mientras participaba en ella. *Phrenology* en 2002 fue más allá, incorporando texturas de rock, improvisación jazzística y spoken word de maneras que deberían haber parecido incoherentes pero que en cambio parecían un argumento. El argumento era que los límites de género eran ficciones administrativas, y The Roots no iban a observarlos.
Los proyectos externos de Questlove reforzaron esta sensación de alguien en perpetuo movimiento. Su trabajo como productor para otros artistas, sus colaboraciones a través de géneros, su rol como director musical de *The Tonight Show Starring Jimmy Fallon*—todo ello extendió el alcance de su estética sin diluirla. Es una de las pocas figuras en la música contemporánea que puede moverse entre la credibilidad crítica y la visibilidad mainstream sin aparentar comprometer ninguna de las dos.
Black Thought en plenitud
La reputación de Tariq Trotter como letrista siempre ha sido algo desconcertante de analizar desde fuera. "La posición de Tariq Trotter como letrista siempre ha resultado curiosa para quienes la examinan desde fuera." Es considerado por otros MCs y por críticos serios del hip-hop como uno de los mejores raperos vivos, y lo ha sido durante veinte años. Sin embargo, nunca ha tenido un éxito mainstream en solitario, nunca ha estado en el centro de un momento cultural como lo han estado MCs con una fracción de su habilidad técnica.
El freestyle de Flex de 2017 cambió algo en la percepción pública, si no en la estimación de quienes ya estaban prestando atención. "Su freestyle de 2017 para Funk Flex —supuestamente hecho en una sola toma— circuló lo suficientemente ampliamente como para llegar a oyentes que de alguna manera se habían perdido treinta años de excelencia constante, confirmando lo que sus admiradores habían argumentado durante décadas: que su dominio de las formas improvisadas extendidas no tiene parangón en el género, o se acerca a ello, entre los practicantes de formas improvisadas extendidas".
Su trabajo en solitario ha sido igualmente infravalorado: "Su trabajo en solitario, incluyendo *Streams of Thought Vol. 1–3*, representa uno de los hip-hop más exigentes realizados en la última década—música que espera que el oyente se encuentre a medio camino y recompensa a quienes lo hacen con algo que se siente genuinamente acorde con la atención que merece."
*Tonight Show*: Años y la larga residencia
La decisión de convertirse en la banda de la casa de *The Tonight Show* en 2014 fue recibida con cierto escepticismo en algunos sectores. La televisión nocturna no es a donde van los artistas serios; es a donde las carreras van para volverse cómodas y ligeramente irrelevantes.
Lo que realmente ocurrió fue diferente. "El patrón de un artista que acepta la visibilidad mainstream solo para usarla como plataforma para un riesgo artístico genuino es lo suficientemente raro como para merecer atención — y The Roots lo ejecutó con una consistencia que requería una precisión real." El puesto en el *Tonight Show* le dio a la banda una plataforma, un presupuesto y una audiencia nacional que las ventas de sus álbumes nunca habían logrado del todo. Lo utilizaron con cierta inteligencia: los segmentos musicales se hicieron conocidos por su genuina artesanía, y el evidente disfrute del grupo por el trabajo comunicaba algo sobre su relación con la interpretación.
Esto no quiere decir que la mudanza no tuviera un costo. Existe una versión de The Roots que, de no haber aceptado la residencia, podría haber sacado varios álbumes más del estilo de *Rising Down* —obras políticamente urgentes y sonoramente intransigentes que desafían a su audiencia. Esa versión de la banda solo existe en el plano hipotético. La banda real tomó una decisión diferente y ha vivido con ella de forma productiva.
El álbum como argumento
Los mejores discos de The Roots funcionan como argumentos. "El arco de un álbum de The Roots no es decorativo—es argumentativo, construye un caso a lo largo de cincuenta minutos para una forma particular de entender el mundo que lo produjo." *Things Fall Apart* sostiene que el giro comercial del hip-hop es una traición a algo esencial. *Phrenology* argumenta que el género es una jaula. *Game Theory* sostiene que el momento estadounidense posterior al 11-S requiere un tipo específico de desesperación lúcida. *How I Got Over* argumenta que la desesperación no es la última palabra.
Esta cualidad argumentativa distingue a The Roots de la mayoría de sus contemporáneos. Los álbumes de hip-hop suelen ser colecciones de canciones, secuenciadas más o menos cuidadosamente pero no estructuradas para hacer un punto. Los álbumes de The Roots se sienten escritos en un sentido diferente: tienen tesis, se desarrollan, concluyen.
Lo que queda
Tres décadas después, The Roots ocupan una posición en la música estadounidense que es genuinamente inusual. "Su longevidad no es solo una cuestión de talento: refleja un conjunto de compromisos con el oficio, con la colaboración y con la idea de que el hip-hop es lo suficientemente amplio como para contener todo lo que quieren poner en él, compromisos que requieren una renovación constante."
Los compromisos se han mantenido. La banda que Questlove y Black Thought formaron en CAPA es reconociblemente continua con la banda que aparece en *The Tonight Show* cuatro noches a la semana y lanza discos que los críticos tratan con seria atención. El hilo conductor no es la nostalgia por una versión anterior de sí mismos; es la fidelidad a un conjunto de valores artísticos que identificaron temprano y no han abandonado.
Filadelfia, el género y la peculiar institución de la televisión nocturna dejan su huella en lo que The Roots crea: una obra más variada y exigente de lo que sugiere el perfil público de la banda, y más plenamente lograda de lo que la mayoría de sus contemporáneos producirán en el tiempo que les queda, sea cual sea el género que contenga.
Eso es algo inusual que se pueda decir de cualquier artista con treinta años de carrera. The Roots se lo han ganado.
Compartir este artículo
Suscríbete a nuestro boletín
Stay connected with the latest in music, culture, and exclusive content
Al suscribirte, aceptas nuestra Política de Privacidad y Términos de Uso




